domingo, 23 de febrero de 2025

Infidelidades a Ferrari

 



                          No todo es rossa





Decía un amigo de mi madre de toda la vida: “uno puede cambiar de mujer, pero jamás de equipo de fútbol” y yo pensé que eso era aplicable al resto de ámbitos deportivos, en mi caso el automovilismo. En este caso me centraré en la F1.

Me hice Ferrarista porque me dio la gana y lo seré siempre, lo tengo claro, no cambiaré de equipo. Y no digo Scuderia, porque sólo hay una. Sin embargo, no tiene por qué gustarme todo lo que hace esta y, por tanto, no tengo por qué serle siempre fiel . Y eso no quita siga siendo Ferrarista hasta la médula, el equipo de mis amores. Pero hay cosas por las que no paso, como el Purosangue o los FF y GTC4 Lusso de reciente producción. Y tampoco me emocionan los Portofino y Roma, ni siquiera el F80. Pero eso no me hace menos Ferrarista, porque no todo lo que ellos hacen me tiene por qué gustar, y sin embargo siempre me gustará Ferrari.

En la F1 siempre he querido que gane Ferrari, aunque ha habido alguna excepción, esas que se dice confirman la regla.

La primera data de 1991, cuando Ferrari ya no contaba con Mansell, un piloto pura sangre que encajaba como un guante en el patrón de Piloto Ferrari creado por Villeneuve y que con sus excelentes actuaciones entre 1989 y 1990, alcanzó mi corazón. Y dado que en Ferrari estaba Prost, un gran -grandísimo- piloto, pero que a mí no me gustaba, más un Jean Alesi del que entonces pasaba, ya que prefería hubiesen fichado a Capelli -aunque luego Jean se convirtió en un piloto tan querido para mí como el propio León-, todo eso hizo que, de cara a 1991 quisiese que Mansell fuera campeón de pilotos y Ferrari de marcas.



Francia 1991, Mansell gana al Ferrari de Prost. Primera infidelidad.


Y así se mantuvieron las cosas hasta 1993 cuando Mansell emigró a la Indy. Claro que no hubo mucho drama para mí esos años, ya que Ferrari y Mansell apenas se enfrentaron de cara al triunfo. Sólo en Magny Cours donde ganó Nigel -como yo quería- en su duelo con el Ferrari de Prost, no repitiéndose tal situación hasta la última cita de 1994, en el regreso esporádico de Mansell a la F1 en Williams, triunfando ante Berger en Adelaida. Si bien en Francia tenía claro quería el León se “comiese” al Profesor, en Australia la cosa estaba pareja, quizá un poco a favor de Nigel.

En 1995 se podría repetir la situación pero en peor, al estar Mansell en Mclaren, equipo que no gozaba -ni goza- de mi simpatía, sin embargo nada de nada. Ni Ferrari, y menos Mclaren, eran competitivas y además, Mansell apenas corrió dos carreras.

Este hecho, querer a un piloto de fuera campeón, se repitió en 1996, queriendo yo que Alesi lo fuera de pilotos y Ferrari de marcas. Como ven, Alesi ya me había marcado con sus actuaciones estelares, sobre todo en Barcelona 92 y Alemania y Japón ´95´, todas ellas en lluvia. Y a eso habría que añadir las arrogantes palabras de un Schumi que no llegó haciendo amigos precisamente, ya que decir que el Ferrari era un coche ganador, cuando sus pilotos (Alesi y Berger) apenas pudieron hacerlo, no era muy elegante, al hacerlos de menos. Y eso sin contar que con su llegada se los había “cargado” a los dos. Si bien prefería a Jean, Berger también era un piloto muy querido para mí.

Sin embargo, no hubo duelo entre ellos y, por tanto, tampoco infidelidad. Alesi y su Benetton nunca batallaron por el triunfo contra Ferrari y, por tanto, no me vi en la encrucijada de ver como luchaban los míos, cosa que sólo me pasa cuando ambos Ferrari se disputan el triunfo, como en Imola 1982, a excepción de lo antes comentado.



Adelaida 1994, segunda y última infidelidad. Berger falla y da vía libre a Mansell.


Y eso nos leva a la actualidad: la llegada del “caradura” de Lewis Hamilton a Ferrari por Carlos Sainz me pone en una situación similar. Pese a su gran talento y espectacularidad, Hamilton no es de mi agrado, menos aún cuando su llegada provoca la salida de un piloto que me encanta -y que fue el tercer piloto que quise fichase la Scuderia, ya que generalmente soy de no cambiarlos-, Carlos Sainz. Y luego está que no me gustan las mentiras de Hamilton a su llegada a Maranello: decir que pilotar para Ferrari era su sueño desde hacía muchos años, cuando es evidente no lo era, me toca la moral. Los cojones más bien.

Así que quiero ver a Ferrari ganar ambos mundiales en 2025, sin duda, pero que sea Leclerc el que lo haga y, a ser posible, que Ham no gane carrera alguna. Casi diría que preferiría a cualquiera antes que ganase él, aunque todo dependerá de la situación del campeonato, por ejemplo, si el triunfo de Ham hace campeona a Ferrari, por poner un ejemplo sencillo, ahí si lo apoyaría. Lo que tengo bien claro es que si gana Ham a Leclerc, no me va hacer ni pizca de gracia. Y no meto a Sainz en la ecuación, porque no va a tener coche pero, en un hipotético duelo con Charles, volvería a mi encrucijada: ¿quién quiero que gane? ¿mi equipo o Sainz? Casi imposible que esto suceda, ni siquiera circunstancialmente pero, en ese caso, ¡bendita encrucijada!


PD: En los rallyes me pasó un poco cuando Alen fue despedido de Lancia.

El amigo de mi madre, que en paz descanse, aparte de ser fiel a su equipo de fútbol, lo fue a su esposa.